Ja tenim relat guanyador del concurs de relats sobre diversitat familiar!!

Volem felicitar a la persona guanyadora i recordar que el premi que rebrà és un lot de llibres i contes sobre diversitat familiar, a més de la publicació del seu relat en la web de Lambda durant els mesos d’octubre i novembre. De fet, t’animem a gaudir d’aquesta història, ací.

Havent rebut els relats que les persones participants varen enviar, varen ser avaluats pel jurat, composat per personal tècnic i voluntari de Lambda, i juntes han determinat que el relat guanyador és:

Novias de habitación, de Lorem Ipsum

El verano de 2021 hice el viaje más importante de mi vida. Tenía cinco años y
embarqué con un billete solo de ida para encontrarme con mi madre, con quien
hasta entonces solo recordaba haber hablado a través de una pantalla.
En Colombia vivía con mi abuela y mi abuelo. Podía decir que tenía dos mamás, una
tangible que me preparaba el desayuno, me besaba, reñía y acunaba; otra
intangible, virtual, que me decía que me amaba, me mandaba regalos y me echaba
de menos. Aquella, decían, era mi verdadera madre y siempre supe que algún día
haría un gran viaje para reunirme con ella en Europa. En casa hablaban de aquel
lugar como si allí cualquier sueño pudiera hacerse realidad. Yo no tenía sueños que
cumplir, lo tenía todo. Sin embargo, uno a veces hace suyos los sueños que le
asignan otros.
En el aeropuerto, la abracé casi por primera vez. Mis abuelos también la abrazaron.
Y entre los besos y abrazos que nos daban la bienvenida también estaban los de
Ona, que había venido con mi madre y nos acompañó todo el tiempo que estuvimos
visitando la ciudad, como una más de la familia. Ahora que ha pasado el tiempo,
recuerdo cómo parecía que ella también hubiera estado esperándome con ilusión.
Sabía muchísimas cosas sobre mí. Su nombre quería decir ola y sus ojos me
recordaban al océano que había estado contemplando durante casi todo el viaje.
Fue como un símbolo de unión entre una tierra y otra, como si el agua no separara,
sino que conectara los continentes. Además se notaba que estaba muy unida a mi
madre.
Ese mismo día visitamos la que iba a ser mi nueva casa. Era mucho más pequeña
que la de mi país, por lo que tendría que compartir habitación y dormir en una cama
grande con mi madre. Ona, a la que mis abuelos se referían como “tu amiga” cuando
hablaban con mi madre, dormía en la otra habitación. Sin embargo, solo dormí con
ella los días que mis abuelos estuvieron en la ciudad. Al volver a mi nuevo hogar tras
despedirlos en el aeropuerto, mamá y Ona tenían preparada una sorpresa, y es que
tendría mi propia habitación.
Pronto todo dejó de ser novedad y se convirtió en rutina. Casi siempre estábamos
los tres juntos, aunque quien me venía a buscar a la escuela era siempre Ona. Me

traía la merienda, escuchaba mi día y me daba consejos, decidíamos juntos qué
íbamos a cenar y me dibujaba tatuajes de animales en los brazos. Ahora hablaba
con mi abuela y mi abuelo a través del ordenador, siempre en compañía de mi
madre, pero nunca de Ona, que escuchaba y a veces saludaba desde la distancia.
Con el tiempo, empecé a escuchar algunas conversaciones que se repetían en la
habitación de al lado. Ona opinaba que tenían que contármelo, que lo entendería y
no podían estar siempre así, en aquella habitación. Mi madre estaba preocupada
porque no quería que mis abuelos se enteraran de algo. Podía perder algo.
Entonces solían hablar de papeles y de trabajo digno. De no depender de nadie. Me
preguntaba cuál era aquel secreto que yo sí podía saber, pero no sabía, y que mi
madre quería contar, pero no se atrevía.
Un día vinieron al colegio unas personas a jugar y hablarnos a toda la clase sobre la
diversidad, y mientras reflexionábamos sobre qué es una familia y qué tipos de
familia podían existir, un niño de mi clase dijo “como Benjamín, que tiene dos
mamás”. No me importó que todos me miraran. Ellos parecían estar más al corriente
que yo de cómo era mi familia. Y era así de simple y así de cierto. Yo tenía dos
mamás… y acababa de comprenderlo. Fue como si al ponerle las palabras
adecuadas, todo encajara. Un montón de detalles de nuestra vida en familia
cobraron un nuevo sentido y no hacía más que pensar en cómo había podido
ignorarlo, como algo que siempre está ahí y que miras, pero no ves.
Recuerdo que volví a casa como si tuviera un superpoder secreto que me hacía
brillar y me protegía. Me sentía distinto, más seguro. Después de cenar, todavía en
la mesa, les pregunté a mis madres si éramos una familia de verdad y por qué en
aquellos tres años nunca las había visto besarse. Mi verdadera madre se emocionó.
Aquella noche las vi besarse por primera vez.
Y aunque nunca he llegado a llamar a Ona mamá, ni mami, ni madre, pensarla así
me llenó de felicidad. Como si todo encajara. Me fui a dormir y me escuché a mi
mismo susurrar una y otra vez “es mi madre”.

Concurs de relats

Aquest certamen és una proposta de Lambda que va estar en marxa aquest estiu, amb l’objectiu de difondre les realitats de les famílies diverses. Pot participar qualsevol persona interessada amb la condició de trobar-se en territori espanyol i que en la història que presente mostre algun aspecte de la diversitat familiar, la importància de la seua visibilitat, els avanços aconseguits i les reivindicacions pendents.

Aquest certamen és una proposta de Lambda per a donar a conéixer la diversitat familiar i les situacions que viuen en la seua vida quotidiana per ser part del col·lectiu LGTB+, a més de poder viure altres discriminacions per diferents factors. Per això, s’avaluarà positivament que els relats tinguen en compte diferents intereseccionalitats que travessen les persones, com la percepció racialitzada, la migració, la diversitat funcional o cognitiva.

Anna Muñoz, coordinadora del concurs de relats, explica que entre els objectius del concurs “està el de contribuir a crear referents i models socials de famílies en les quals existeixen persones del col·lectiu LGTB+”. Encara és fonamental fomentar activitats que animen a les famílies diverses a mostrar-se i a barallar per un major reconeixement social.

 

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