La figura del voluntariado en la sociedad

1.- ¿Qué es el voluntariado?

El voluntariado como agente de transformación social

Según la ley 45/2015, se entiende por voluntariado el conjunto de actividades de interés general desarrollados por personas físicas a través de una entidad de voluntariado, en un programa concreto, dentro o fuera del territorio español, con el objetivo de contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad en general y a proteger y conservar el entorno. Esta actividad es de carácter solidario, realizada libremente sin obtener contraprestación económica o material.

Guía Fácil: La ley del Voluntariado en 5 pasos. Plataforma de voluntariado de España

Pero el término persona voluntaria va más allá. Es una manera de ver y entender la realidad. Son aquellas personas que no se conforman con la sociedad que les ha tocado vivir y que además no caen en la cómoda tentación de calificar los problemas de su tiempo como inevitables. Creen posible un cambio estructural y se comprometen a trabajar para conseguirlo. Son dinamizadoras de aquellos sectores sociales con problemas. Comprenden que no llevan soluciones si no comparten con los demás la búsqueda de las mismas.

De la participación comprometida del voluntariado, Pablo Benlloch, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Rey Juan Carlos, habla largo y tendido en la ponencia sobre la Ley Estatal de Voluntariado que tuvo lugar en el XVIII Congreso Estatal de Voluntariado en Huesca.

“Tenemos que cumplir con nuestro deber moral de superar las desigualdades y debemos construir verdaderas alternativas. Todavía hay gente que cuestiona que una de las funciones del voluntariado es la denuncia crítica, y de ahí a la transformación. Tenemos que encontrar en la ley, ese marco para volver a encontrar la dimensión política del voluntariado.

Si estoy planteando que hay un marco y una dimensión política del voluntariado, es porque está escrito en la norma y la gente se va olvidando de que esto es así. La verdadera esencia de la ley está en las primeras partes. La primera referencia y donde se encuentra ese marco es acudiendo a los valores y principios que inspiran la acción voluntaria; ahí encontramos que el voluntariado es desvelador, revelador y defensor de la dignidad humana como imperativo ineludible, asume la justicia social que atiende a los más débiles, se inspira en una solidaridad visible y cálida, se responsabiliza por el otro y entiende la gratuidad como ese vínculo misterioso que lleva a compartir lo que no se puede exigir como un derecho ni darse como un deber. Y que, al final, también es manifestación cualificada de participación ciudadana.

Otra de las funciones del voluntariado a las que no se está haciendo referencia, es a la conciencia crítica que contribuye a mejorar las relaciones de la persona con la sociedad. Tenemos que criticar y esto significa apostar por lo no funcional, lo no rentable, por narrar lo invisible, por rechazar frontalmente las actitudes deterministas que dicen ¿no hay solución?”.

2.- Derechos y deberes de las personas voluntarias

Si quieres hacer voluntariado, tienes que saber que en la ya comentada Ley de Voluntariado, se regula la figura de la persona voluntaria y, entre otras cosas, define los derechos y deberes de las personas voluntarias.

Tus derechos como persona voluntaria son:

a) Recibir regularmente durante la prestación de tu actividad, información, orientación y apoyo, así como los medios materiales necesarios para el ejercicio de las funciones que se te encomienden.

b) Recibir en todo momento, a cargo de la entidad de voluntariado, y adaptada a tus condiciones personales, la formación necesaria para el correcto desarrollo de las actividades que se te asignen.

c) Ser tratadas en condiciones de igualdad, sin discriminación, respetando tu libertad, identidad, dignidad y los demás derechos fundamentales reconocidos en los convenios, tratados internacionales y en la Constitución.

d) Participar activamente en la organización en que te insertes, colaborando en la elaboración, diseño, ejecución y evaluación de los programas o proyectos, de acuerdo con sus estatutos o normas de aplicación y, en la medida que éstas lo permitan, en el gobierno y administración de la entidad de voluntariado.

e) Estar cubiertas, a cargo de la entidad de voluntariado, de los riesgos de accidente y enfermedad derivados directamente del ejercicio de la acción voluntaria y de responsabilidad civil en los casos en los que la legislación sectorial lo exija, a través de un seguro u otra garantía financiera.

f) Ser reembolsadas por la entidad de voluntariado de los gastos realizados en el desempeño de tus actividades, de acuerdo con lo previsto en el acuerdo de incorporación y teniendo en cuenta el ámbito de actuación de voluntariado que desarrolles.

g) Disponer de una acreditación identificativa de tu condición de persona voluntaria en la que conste, además, la entidad de voluntariado en la que participas.

h) Realizar tu actividad de acuerdo con el principio de accesibilidad universal adaptado a la actividad que desarrolles.

i) Obtener reconocimiento de la entidad de voluntariado, por el valor social de tu contribución y por las competencias, aptitudes y destrezas adquiridas como consecuencia del ejercicio de tu labor de voluntariado.

j) Que tus datos de carácter personal sean tratados y protegidos de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal.

k) Cesar en la realización de tus actividades como persona voluntario en los términos establecidos en el acuerdo de incorporación.

Tus deberes como persona voluntaria son:

a) Cumplir los compromisos adquiridos con las entidades de voluntariado en las que te integres, reflejados en el acuerdo de incorporación, respetando los fines y estatutos de las mismas.

b) Guardar la debida confidencialidad de la información recibida y conocida en el desarrollo de tu acción voluntaria.

c) Rechazar cualquier contraprestación material o económica que pudieras recibir, bien de las personas destinatarias de la acción voluntaria, bien de otras personas relacionadas con tu acción voluntaria.

d) Respetar los derechos de las personas destinatarias de la acción voluntaria en los términos previstos en el artículo 16.

e) Actuar con la diligencia debida y de forma solidaria.

f) Participar en las tareas formativas previstas por la entidad de voluntariado para las actividades y funciones confiadas, así como en las que con carácter permanente se precisen para mantener la calidad de los servicios que presten.

g) Seguir las instrucciones de la entidad de voluntariado que tengan relación con el desarrollo de las actividades encomendadas.

h) Utilizar debidamente la acreditación personal y los distintivos de la entidad de voluntariado.

i) Respetar y cuidar los recursos materiales que ponga a tu disposición la entidad de voluntariado.

j) Cumplir las medidas de seguridad y salud existentes en la entidad de voluntariado.

k) Observar las normas sobre protección y tratamiento de datos de carácter personal de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, y demás normativa de aplicación.

3.- Motivaciones

Miguel Díaz “Motivaciones de la persona voluntaria”. Plataforma para la Promoción del Voluntariado en España. Colección a fuego lento. Madrid 2001

Razones ideales

«…Ser útil, transformar la realidad, cambiar las estructuras injustas, reivindicar más justicia social, crecer en solidaridad, ser mejor persona, encontrarse con uno mismo, luchar por el bien común, todos somos iguales… Y todos aquellos otros motivos «idealistas», «utópicos» que queramos ir añadiendo y que pueden proceder desde el mundo de las ideas, las creencias, la ética o la moral, la fe o la política, la cultura o la educación recibida… Éstas son las razones «ideales» expresadas en el compromiso del voluntariado. Son razones públicas y compartidas por todos. Son las que se dicen sin miedos ni tapujos. Son las que se expresan y se escriben en los tratados y en los libros de Voluntariado. Son las que se explicitan en las fichas que se rellenan en las asociaciones u oficinas de recepción de voluntariado. Son las que se tienen en cuenta a la hora de evaluar los compromisos, la acción o los servicios realizados y si lo que estamos consiguiendo corresponde con esas razones. Pero ésta no es toda la verdad, hay otras muchas razones no expresadas que son más «auténticas», más «verdaderas» y que se ocultan o disfrazan por diversos motivos. Ello condiciona la satisfacción en el grupo o la sensación de éxito en las tareas.

Razones reales

«…Ocupar el tiempo libre, sentirse útil y bien, hacer algo por los demás y por mí, interés profesional, no aburrirme en casa, relacionarse con otros, están los amigos y yo no quiero estar solo/a, por curiosidad, porque se está pasando una depresión (terapia), por novedad, por mi familia…».

Si somos sinceros con nosotros mismos, descubriremos que los motivos expresados anteriormente, entre otros muchos no descritos aquí, son los motivos «reales» o «verdaderos» que nos mueven a ofrecer nuestro tiempo y esfuerzo en el compromiso como voluntarios. Motivos que no siempre se expresan con claridad, y que están determinando los verdaderos éxitos o fracasos de lo que hacemos, adecuando o filtrando, desde ahí, los resultados de los servicios o programas de los lugares en los que estamos y del tipo de apoyo o acompañamiento que experimentamos en la organización y en la acción en la que me comprometo. Son sentimientos internos que no se explicitan y que en el fondo me llevan a sentirme mejor o peor en la medida en que esas verdaderas razones se están cubriendo o cumpliendo. Son los reforzadores de la «vida emocional» activa que nos mueven y no siempre se expresan. Luis Aranguren, en su libro Cartografía del Voluntariado, nos descubre que «somos seres carenciados, inacabados y que por tanto, en la acción, en el tanteo y, en definitiva, en la experiencia nos hacemos y construimos como personas…». Si esto nos lo creemos de verdad, lo analizamos sin tapujos y nos miramos sin caretas ni lentes distorsionadas, desnudos frente al espejo, comprenderemos mejor lo que hacemos y analizaremos mejor nuestros sinceros motivos, que no son mejores ni peores, solo SON. Desde ahí, desde ese punto inacabado y en proceso de construcción que SOMOS, es donde podemos ir añadiendo aquellos otros motivos, aquellas otras razones que puedan ir ampliando nuestras conciencias, socialización y solidaridad (soledad sólida compartida) en definitiva para construirnos como SER PERSONA.

La incorporación a la acción voluntaria va enriqueciendo las motivaciones, y van pasando de unas a otras conforme se van implicando en un compromiso mayor. Durante el primer tiempo en su servicio voluntario, son los mismos agentes quienes, al descubrir sus nuevas motivaciones, van orientándose de forma natural por unos y otros caminos. Algunos deciden dejar la tarea.

Las entidades de voluntariado deben saber aprovechar lo mejor de la persona voluntaria que va a colaborar cualquiera que sea la motivación que le haya llevado a querer ser voluntaria, teniendo en cuenta que muchas personas que se acercan al voluntariado, no lo hacen como un compromiso para “cambiar el mundo”, sino con sentido de búsqueda vital. Si no atendemos a esta realidad y la respetamos, pero a su vez somos capaces de ampliar esta visión a una doble dimensión de transformación interna y externa, la acción voluntaria habrá implicado un esfuerzo vacío de contenido transformador a nivel social.

4.- Aptitudes y actitudes del voluntariado

(Texto recogido de: “Manual de formación básica del voluntariado”, Médicos del Mundo)

Partiendo del derecho de participación que tenemos todas las personas, es preciso aclarar que dependiendo de los proyectos éstas deberán tener unas actitudes y aptitudes adecuadas para poder realizar la tarea encomendada.Todos tenemos ese derecho pero no todos tenemos las aptitudes necesarias para todas las tareas y campos.

Aptitudes:

– Es preciso que la persona voluntaria esté en condiciones morales, psíquicas y físicas adecuadas. Entendiéndose por las dos primeras aquellas que encontramos en personas equilibradas y maduras, según su edad, idóneas para la acción voluntaria. Las condiciones físicas dependerán del tipo de acción que deba realizarse.

– La persona voluntaria debe de disponer de tiempo libre o liberado suficiente para la realización de la actividad.

– Todas las edades, sexos y clases sociales son aptos para el voluntariado.

– Tener una buena formación es muy importante, partiendo de la que aporte cada persona, siguiendo de la específica para la acción y de la necesaria para la actualización de los conocimientos.

Actitudes:

– Madurez.

– Respeto total a la otra persona: creencias, costumbres, ideas, etc.

– Discreción y respeto a la intimidad de las personas.

– Compromiso serio, paciencia y constancia.

– Buena actitud y coordinación con la organización.

– Amabilidad y servicio, nunca paternalismo.

– Capacidad de ponerse en el lugar del que recibe la acción.

– No hacer del servicio un asunto personal.

– La persona voluntaria debe guardar el secreto profesional y atenerse a las normas de la organización en la que colabora.

De ninguna manera significa esta descripción que el no poseer todas las aptitudes y actitudes señaladas nos inhabilita para ser personas voluntarias. Debe evitarse la imagen del voluntariado como una persona superior, difícilmente imitable.

La persona voluntaria no busca acciones heroicas: es una persona que convive con grandes aspiraciones, pese a sus limitaciones y, además, sabe que no está sola.

5.- Las organizaciones de y con voluntariado

(Formación: Participación ciudadana y transformación social a través del voluntariado)

Las entidades sociales desarrollan programas de actividades que contribuyen a la inclusión social de las personas, a la mejora de nuestro entorno y de nuestras estructuras sociales.

Este tipo de programas cuentan habitualmente con la participación de personas voluntarias, cuyo papel en las entidades puede ser muy diverso: participando en la toma de decisiones formando parte de los órganos de gobierno de la entidad; siendo portavoces de la organización y/o participando en el desarrollo y ejecución de la actividad directa. Muchas de estas personas intervienen en el análisis de la situación, en el establecimiento de prioridades y definición de objetivos además de en la planificación. La entidad que consigue involucrar a las personas voluntarias en su quehacer, convierte su entidad en un espacio para la participación, que influye tanto en su gestión interna, como en su dinamización externa y esto es un claro indicador del estado saludable de nuestra organización.

Gracias a fomentar esta participación la entidad consigue:

1. Una mayor apertura a la comunidad. Se estrechan las relaciones con nuestro entorno.

2. Dar a conocer los programas y actividades a la sociedad en general.

3. Una dimensión de acercamiento a los colectivos con los que se trabaja distinta a la que establecen las personas contratadas. Las relaciones entre las personas voluntarios y las personas atendidas se caracterizan por ser horizontales, por generar espacios de relación de mayor confianza y apertura, que no son tan fáciles de conseguir con las personas remuneradas. El acercamiento con las personas atendidas se realiza desde una perspectiva distinta.

4. Incorporar nuevos valores y estímulos al proyecto.

Algunos de estos valores son:

Ciudadanía: El voluntariado es una forma de participación social, por lo que promoverlo a través de nuestro proyecto contribuye al desarrollo de la transformación social.

Creatividad: Las personas voluntarias aportan a la organización y al proyecto su experiencia vital

y nuevas ideas.

Especialización: Las personas voluntarias tienen una profesión, un trabajo, están estudiando. Pueden aportar al proyecto sus conocimientos específicos que complementan la formación y las capacidades con las que cuenta el personal remunerado de la organización.

Afectividad: El hecho de que la acción voluntaria sea gratuita y por una decisión de absoluta libertad estrecha los lazos de afectividad que los voluntarios/as crean con las personas que participan en el proyecto.

6.- Qué no es voluntariado

(Texto recogido de: “Manual de formación básica del voluntariado”, Médicos del Mundo)

  • El voluntariado nunca debe ser mano de obra barata.

La actividad voluntaria no es sinónimo de empleo mal remunerado, ni siquiera teniendo en cuenta la situación de desestabilización laboral existente. El voluntariado tiene sentido como expresión de la participación y de la solidaridad, que se hace efectiva a través de los valores que sustentan la gratuidad y el compromiso de construir una sociedad más justa y de contribuir a la transformación social.

  • El voluntariado nunca debe ser suplencia de profesionales remunerados.

No puede plantearse la tarea de las personas voluntarias como suplentes del personal técnico contratado.

  • El voluntariado nunca debe ser prácticas profesionales.

El voluntariado no es una forma de conseguir prácticas profesionales, ni tampoco la posibilidad de mejorar un currículum. Lo ideal es que la persona voluntaria no esté sólo motivada por intereses personales, sino por la voluntad de participación y compromiso para con los demás.

  • El voluntariado nunca debe ser acceso a un puesto de trabajo.

El voluntariado no tiene por objeto el hacer méritos para tener la posibilidad de acceder a un puesto de trabajo. La persona voluntaria ofrece su tiempo y si bien esto implica que muchas veces hay que cancelar la colaboración por diversos factores, éste perdería su sentido si dejara de ser desinteresado y voluntario.

  • El voluntariado nunca debe ser asistencialismo.

El voluntariado acompaña y promueve el desarrollo de las personas, no intenta sustituir a las personas atendidas en sus decisiones. Su acción no es improvisada, forma parte de un proyecto, es planificada seriamente dentro de un plan de trabajo. Su acción está definida por su compromiso solidario, su disconformidad con los valores vigentes y su pluralismo.

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